Tomo 1
Esta bella historia comienza en una hermosa mañana de primavera, en un pueblecito cercano al lago Michigan en los Estados Unidos. En un humilde orfanato al cargo de dos buenas mujeres; la señorita Pony y la hermana María, cuidan de los niños a su cargo.
Un día, la hermana María encuentra a las puertas del “Hogar de Pony”-que así se llamaba el orfanato-, a una niña en su canastita. La pequeña sólo trae una nota consigo en la que dice llamarse: Candy.
Los años pasan y Candy crece feliz junto a los demás chicos huérfanos; pero sobre todo al lado de su querida amiga Annie que tiene su misma edad y fue encontrada el mismo día que Candy.
Cuando ambas cumplen 6 años se dan cuenta de que necesitan de unos padres; aunque Candy se siente feliz estando en el Hogar de Pony y se prometen que nunca se separarán. Pero la realidad es otra, y esa misma noche la señorita Pony y la hermana María reciben a un matrimonio que ha perdido recientemente a su hija y ésta se parece mucho a Annie. La pequeña al principio no quiere separarse de Candy, pero ésta le dice que debe ir con ellos y ser feliz pero que no se olvide de su amiga Candy.
Ahora Annie es una Britter y vive con sus padres en una enorme mansión. Por las cartas que le envía a Candy, se siente muy feliz y poco a poco la correspondencia entre ambas se hace cada vez más escasa. Hasta que un día, Candy recibe una carta inesperada de su amiga donde le dice que no volverá a escribirle, ya que ha encontrado a amigos muy ricos y no quiere que se sepa la verdad de su pasado. Candy se queda destrozada y llora desconsolada sobre su “Colina de Pony”. Sin embargo no estaba sola en ese momento, pues un apuesto joven se acerca hasta ella para ver qué le sucede. La chica se queda impresionada de su belleza, pero también por su indumentaria.
El joven de mirada celeste le explica que es escocés y lleva su traje típico, el kilt, y además porta una gaita, un instrumento musical. El chico se pone a tocar para animarla y la hace sonreír de nuevo; a lo que le dice: “Pequeña, ¿sabes que eres más linda cuando sonríes?”. Candy se ruboriza ante las atenciones del muchacho, pero por desgracia se levanta el viento y sale volando la carta de Annie. Va detrás de ella, pero cuando se vuelve para hablar con el misterioso joven éste ya no está. En su lugar se encuentra con un bellísimo medallón de plata y Candy lo conserva como un talismán de buena suerte.
Pasan otros seis largos años y Candy no ha vuelto a cruzarse con el joven al que llama “El príncipe de la colina” por parecerse a los príncipes de sus cuentos de hadas.
Candy no pierde la esperanza de encontrarlo algún día en su camino pero, en cambio, siente que es una carga para sus “madres” al tener 12 años y no haber sido adoptada por ninguna familia. Por ello, se dedica a atender a los chicos del hogar y ayudar en las tareas de la casa. Un día, la hermana María la busca para darle la noticia de que alguien ha preguntado por ella. Candy sale corriendo al creer que finalmente ha sido adoptada, pero para su sorpresa no es así. La señorita Pony le informa que la familia Legan busca una dama de compañía para la hija de éstos. Candy se desilusiona, pero sabiendo que es más una carga que otra cosa para sus cuidadoras, acepta su destino y se va a vivir con los Legan.
Cuando llega, Candy se anima un poco más al ver la impresionante mansión propiedad de los Legan; aunque su emoción dura poco al ser recibida con un jarro de agua por parte de los odiosos hermanos Legan. Sus nombres son Elisa y Neal, y son unos niños consentidos y malcriados que desde entonces harán la vida imposible a Candy. Tanto es así que la chica rehuye de Elisa todo lo que puede y traba amistad con la gente del servicio.
Los meses pasan y Candy se acostumbra a los malos tratos de los Legan. Para su consuelo recibe las cartas de la señorita Pony y de la hermana María, sintiéndose feliz por saber de ellas. Pero para su infortunio Elisa y Neal le juegan una mala pasada quitándole su carta y Candy, sin querer, pierde el medallón de su príncipe. Neal se lo arrebata y le dice que si no se arrodilla lo tirará al lago. Candy para quitárselo lo empuja y sale corriendo entre lágrimas sin rumbo fijo; es así como llega hasta unas hermosas puertas llenas de rosas y descubre a un chico que le sonríe desde allí. Para su asombro es idéntico a su príncipe y Candy no se lo puede creer. Por más que echa cuentas no es posible que sea el mismo; pero es que el joven al verla sonreír le dice la misma frase que su príncipe por lo que se siente confusa. Al darse la vuelta avergonzada, éste vuelve a desaparecer como la primera vez y además descubre que en las puertas hay el mismo símbolo que en el medallón. Candy se promete volver a buscar al chico y se siente más feliz al saber que el príncipe de sus sueños está cerca; ni siquiera los malos tratos de los Legan pueden opacar su felicidad ahora.
Los días pasan sin tener más noticias del apuesto joven y Candy vaga por la propiedad intentando buscarle. De esa forma conoce a Archibald Cornwell (Archie), pues Candy descubre dos portales nuevos en la mansión de los Andrew (que son los dueños de toda esa zona). Un portal de piedra y otro detrás de una cascada. Es en esta última donde encuentra dormido a Archie en su barca y Candy lo ayuda a volver a la orilla. Archie es un chico muy guapo de ojos azules con largas pestañas, bella sonrisa y cabello rubio. Es un tanto vanidoso pero, a pesar de ello, es muy galante con Candy y se hacen buenos amigos enseguida; aunque éste se tiene que despedir corriendo de ella porque su hermano lo va a buscar.
Al día siguiente, Candy escucha que la matriarca de los Andrew se va a instalar en la mansión de Lakewood y que darán una fiesta en su honor y la de sus sobrinos nietos que viven con ella. Elisa decide ir a comprar para verse bella delante de un tal Anthony, el cual parece ser su primo. Candy va con ella pero otra vez vuelve a jugársela y la deja en tierra. Entonces un chico moreno se dirige a Candy y se presenta como el hermano mayor de Archie. El joven de mirada inteligente se llama Alistear Cornwell (Stear), y la ayuda a regresar a casa de los Legan montados en un coche de su invención, pero todos los inventos del muchacho son un fracaso y acaban los dos en el fondo del lago, aun así Candy se siente muy feliz y agradecida con él y se hacen muy buenos amigos.
Esa misma noche es invitada por los Legan a la fiesta que se dará en la mansión de los Andrew. A pesar de las burlas de los hermanos por ir con un vestido sencillo, Candy no desaprovecha la ocasión para divertirse y va con ellos. Para su sorpresa, por fin atraviesa el portal de las rosas donde vio al chico por última vez; pero sobre todo al encontrarse cara a cara con los tres muchachos vestidos todos de kilt. Los tres se alegran mucho de volver a verla y se dan cuenta de que ya todos saben quién es. Candy descubre al fin el nombre del muchacho misterioso, pues éste es Anthony, el mismo chico del que está enamorada Elisa, para su desgracia.

Todos son llamados a la recepción que va a empezar y ante un aburrido discurso de la Tía abuela (Elroy Andrew); Archie hace reír a Candy ante la mirada crítica de todos los Andrew allí congregados. La cosa pasa sin más incidentes, excepto porque los chicos le gastan una broma pesada a Candy diciéndole que hay fantasmas en el tercer piso. Los Legan para darle una lección a Candy aprovechan esto y la mandan a buscar una habitación para que Elisa descanse y así la encierran en un cuarto oscuro y polvoriento. Sin embargo, Candy es liberada por una sombra misteriosa que vaga por el tercer piso, ¿quién puede ser? ¿Será de verdad un fantasma? Candy se encuentra con Anthony pero éste no la cree y se la lleva consigo porque empieza el baile. Los chicos se pelean por bailar con ella y esto hace que los celos de Elisa broten sin control. Al llegar a la casa, Candy es llamada por la señora Legan para decirle que a partir de ese momento no es más que una criada y que tendrá que dormir en el establo para cuidar los caballos también como castigo por sobrepasarse.
A pesar de ello, Candy sigue viendo a sus nuevos amigos que la aceptan tal y como es. Traba lazos muy fuertes con su querido Anthony del que se enamora perdidamente y el chico también la corresponde. Tanto es así que crea para ella una rosa con su nombre: “Dulce Candy” la llama. Éste se la entrega y le dice que desde entonces ese será el nuevo día de su cumpleaños. Candy se siente dichosa por el cariño que le demuestra Anthony y sus primos; pero un nuevo acontecimiento le quita la felicidad. Los Legan habían dado ese día una fiesta en su casa y entre los invitados se encuentra nada menos que a su querida amiga de la infancia Annie. Ahora es toda una señorita muy elegante, que al verla se siente mal porque teme que la descubra ante Archie del que está enamorada. Candy la comprende sin palabras y se aleja para darle espacio, pero descubre que los hermanos Legan pretenden asustarla y ella se los impide, con tal mala suerte que en medio de la pelea entre ella y Neal, Anthony es herido en la cara con una espina de la rosa y éste le riñe sin ni siquiera saber la verdad. Candy se siente muy desilusionada y corre todo lo que puede para escapar de allí; se monta en la barca de Archie y esta se aleja creyendo poder llegar así al Hogar de Pony. Pero nada más lejos de la realidad. En su lugar escucha con horror como se aproxima a una cascada y no puede detener la embarcación. Empieza a gritar auxilio, y por fortuna alguien la escucha y salta a rescatarla. Cuando despierta se encuentra con la cara de un hombre barbudo y con gafas negras que la mira atentamente; se asusta y se vuelve a desmayar.
El hombre se la lleva al interior del bosque para cuidarla en una especie de mansión abandonada y cuando Candy despierta de nuevo, descubre que el mismo tipo está allí con ella. Éste se presenta como el señor Albert y no es tan malo como creía Candy al principio. Aparentemente es un vagabundo que pasea por la propiedad de los Andrew junto a una extraña compañía de animales salvajes; entre ellos le presenta a Puppet que es su mofeta-mascota. Los tres traban muy buena amistad y Candy encuentra en el señor Albert su alma gemela, pues éste tampoco tiene un hogar ni nadie en el mundo. Pasan un día muy divertido juntos pero Candy tiene que volver a casa de los Legan sin más remedio, aunque antes de despedirse se prometen cartearse a través del río.
Candy regresa feliz a la mansión, pero por el camino se encuentra a Anthony y este le da una bofetada porque estaba preocupado por su ausencia; no pasa lo mismo con los hermanos Cornwell que están felices de verla bien. Pero cuando llega a casa de los Legan estos le increpan que será despedida y le buscarán trabajo en alguna otra parte; así que Candy se comunica con Albert por carta para decirle que se marcha y es en ese momento que se encuentra con Anthony, el cual arrepentido le pide perdón por lo que hizo. Ambos dan un romántico paseo a caballo sintiendo su amor, y tras la cabalgata son observados por Elisa que ya no soporta más la intromisión de Candy, así que idea un plan para que la manden lejos lo antes posible. Junto con su hermano Neal hacen ver que Candy se robó unas joyas de la familia y ésta es acusada de ladrona ante la señora Legan y la tía Elroy, por lo que ya la señora Legan no lo soporta más y la manda a trabajar a una granja en México.